UN MUCHACHO DE CASTILLA
"Trabajaremos, sudaremos, señores, sudaremos...", había dicho el 3 de octubre de 1968, al dirigirse al país con voz ronca y mirada enérgica.
Más tarde, siendo Presidente de la República, también dijo un día -para la posteridad- ante dos periodistas: "Éramos once hermanos; mi padre era empleado público, pero mi madre nos tenía bien pijes. Cuando a veces no había para el yantar, mi padre no le pedía ayuda a nadie, ni a su familia".
"Nunca tuve libros de estudio... Yo copiaba de los libros donde estudiaban mis compañeros".
Nacido el 16 de junio de 1910 en el distrito de Castilla, ciudad de Piura. Alumno de una polvorienta escuelita y luego egresado de un colegio San Miguel, el adolescente Juan Velasco Alvarado en 1929 decide, contra viento y marea, marchar a la ciudad capital del Perú.
"Me cimarronié cuando todavía era un churre, casi salvaje... Fueron cinco días con sus noches, viviendo de pavo en un barco".
Polizón prófugo, clandestino viajero de una embarcación con bandera de Chile, el Imperial.
"Si me descubrian esos chilenos podían tirarme al mar..."
De Paita al Callao. "Yo no conocía más que Castilla, mi pueblo".
Preguntando y caminando, sostenido por magros recursos, aborda el tranvía que lo conduce al lugar donde toman las pruebas para quienes aspiran la vida militar.
"Había mucha gente. Yo me puse en la fila, lleno de emoción".
"Me tomaron exámen médico, rendí las pruebas y solo cuando terminó el examen me di cuenta que la colas no era para oficiales sino para tropa. El de oficiales ya había terminado hacia varios días... Aprobé para soldado raso, pero me dijeron que no había vacantes. Y, para colmo de males, me robaron mi plata y me quedé sin un cobre..."
" Yo salía con el alma por los suelos. En la pampa frente a la escuela vi parado a un hombre muy serio, de bigotes. Pregunté a un soldado quién era aquel señor. Era el capitán Huamán, me dijo. '¿Y de dónde es'. 'De Piura' me dijo el soldado. ¡Ay cara y! es mi paisano, me dije".
El oficial piurano se comprometió en apoyarlo, después de unos días.
"Yo no tenía plata, pero por puro amor propio no le pedí prestado..."
Entonces debió irse caminando de Chorrillos hasta Lima, para llegar a la casa de un tío que le dió alojamiento y comida.
"Y al fin ingresé a la tropa". Recluta y a la vez acusioso aspirante/estudiante para oficial.
"Cuente usted cual es el suceso que más lo ha impresionado en la vida", decía, llegada la fecha de la prueba para oficiales, una de las partes del examen de ingreso.
"Yo mordía el lápiz y pensaba mientras los otros postulantes escribían y escribían... Hasta que al fin me animé a contar como había venido a Lima en el barco y el susto que tenía porque los chilenos me descubrieran".
Días después, al ser llamado, comparece ante una terna de oficiales, encargados de la evaluación de los postulantes.
"Yo creí que de ahí pasaba al calabozo... Pero resultó que me felicitaron... Había sacado 20 en el examen y una nota donde el profesor Anibal Espinoza decía: 'Muchachos como este son los que necesita nuestro Ejército'".


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