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viernes, 22 de julio de 2016

CAGADO DE SUSTO



Ganó  el premio Nobel. Pero lo hizo a su manera: vistiendo un traje regional del Caribe.
Tan original como su apariencia fue su obra, y no menos su pensamiento. Su vida.
Nació en Colombia, y lo sigue haciendo por el mundo entero.




viernes, 27 de febrero de 2015

NO POR CALLADO ERA SILENCIO

(1917-1986)

''Lea esa vaina, carajo, para que aprenda'', con tales palabras - dichas por su paisano, también escritor, Álvaro Mutis- Gabriel García Márquez ponderó el descubrimiento y deslumbramiento que le produjo la obra de Juan Rulfo despues de la lectura de "Pedro Páramo".
Como lo recordara el mismo Rulfo, mas que a la escuela, debió su formación a la repentina posesión de la biblioteca de un cura que huyó perseguido durante la guerra cristera mejicana (y terminó ahorcado por mujeriego).
Amigo de José María Arguedas Altamirano fue y será siempre la de Rulfo una de las voces estelares del idioma español en América. Lo único lamentable es que su parquedad editorial no lo fuera menos que coloquial. Sin embargo, para la posteridad -aunque sea solo una- existe una magnifica entrevista. Ésta. Y basta.


sábado, 7 de febrero de 2015

DOS AMIGOS, UNA AMISTAD

Gabriel Garcia Marquez y Pablo Neruda





viernes, 12 de septiembre de 2014

DOS SOBRE UNO


Aunque todos, o casí todos, aprendemos a leer y escribir convencidos de su utilidad. Y aunque se nos pase la vida ignorando más que sabiendo. Siempre cabe preguntarse sobre la importancia de que existan personas cuyas vidas no tengan otra prioridad que la de decir. Personas capaces de decir lo que todos pueden sentir, más no  expresar. Y puesto que para eso sirven las palabras se entiende entonces la importancia de quienes dedican sus existencias para llevarlas más allá de sus fronteras habituales y hacer de la vida una experiencia plural. Solitaria y solidaria. De uno y de todos.
Al respecto, sea propicia la ocasión para transcribir las palabras de Gabriel García Márquez registradas en el documental "La letra embrujada", producido por Ives Billon y Mauricio Martínez-Cavard (ubicable en la red) sobre la mayor gratitud y el mayor tormento de la existencia de los hombres: las mujeres.



"Uno tiene tres vidas: la vida pública, la vida privada y la vida secreta. En todas han sido definitivas las mujeres. Y sobre todo por una razón que yo no alcanzo a explicar es que me entiendo mejor con las mujeres que con los hombres. Y no sé...yo encuentro una comunicación más fácil, porque creo que las conozco bastante.
Ahora, te doy una clave matrimonial importante: las mujeres dicen que los problemas de la pareja se resuelven con el diálogo. Es al revés. Problema que se dialoga termina en pleito con seguridad. Hay que hacer confianza y olvidarlo, y seguir para adelante.
Cuando yo descubrí eso no volví a pelear con ninguna mujer. No se dialoga, se sigue para adelante".


martes, 11 de marzo de 2014

"CIEN AÑOS DE SOLEDAD" ENTRE MONTAÑAS

San Cristobal y Huacshash 


                                          

                                        A Wil Laime


A 356 km al noreste de Lima, en la casa de mi infancia, siempre hay una cama lista y un libro que me espera: “Cien años de soledad”. En frías madrugadas, sepultado por abrigadoras frazadas artesanales de lana de oveja y fragancia de eucalipto, o bien, a la luz de un sol no menos abrigador y acogedor, sentado en el pasto de Ocopata –a un kilómetro del pueblo- siempre repito el mismo rito: leer la novela más celebre escrita en idioma español en el siglo XX. Rodeado de verdor y mejor todavía si tengo al alcance de mi mirada, en cada pausa, la albura solitaria del Huacshash, la lectura adquiere una significación no menos memorable tanto por lo que leo como por lo que veo. En suma, se trata de un privilegio de la vista y de la imaginación (que es la verdadera vista de los seres que escriben y leen).
Huérfano es el nombre de la montaña y su presencia embellece siempre la mañana. Pues la montaña, igual que el mar, es la misma y es diferente cada día. Pero son dos presencias naturales que rodean a la ciudad de Cajatambo, dos apus tutelares: San Cristóbal y Huacshash.
De manera que mis ojos siempre se alegran cada vez que se encuentran con el San Cristóbal y el Huacshash. Pero con la historia de los Buendía más que alegría siento una especie indefinible de entrañable desasosiego. Una bella agonía que me dice que sin palabras no hay vida ni memoria (que es la prolongación de la vida).
Aquellos días además sirven para recordarme que también yo, del mismo modo que mis amigos, pude alquilar mis dones y mi saber para vivir de, y para, las universidades, dentro o fuera del país. Pero en mi caso es este, el país de la papa de Paca o del maíz de Utcas, el que quiero y prefiero. Y por eso mismo, si escribo, me digo, debo hacerlo como si estuviera allí donde prescindí estar, y no aquí. Y hasta mejor.
Para corroborar tamaña pretensión, me digo, que mejor prueba de que la pasión por los libros y por la literatura desborda sacramentos curriculares que la vida y la trayectoria de Gabriel García Márquez: ni doctor, ni licenciado, sino simplemente creador.


El 6.3.2014, contra el silencio y la ausencia habitual que cautela su gloria, el autor de “Cien años de soledad” después de algún tiempo apareció en la puerta de su casa en Ciudad de México para agradecer el saludo de los periodistas que, sintiéndose indignos de serlo de no hacerlo, fueron a felicitar al maestro por su 87 cumpleaños.
Su aparición -a la postre, su despedida- resultó mucho más grata y significativa luego que uno de sus hermanos, un par de años antes, anunciara que el más inolvidable de historia de Colombia envejecía desprovisto de memoria. Es decir, que García Márquez, estaba peor que Fidel Castro: viejo y sin poder, en su caso, para recordar y hablar.
En tales circunstancias, no era fácil releer “Cien años de soledad” mientras su autor aun existía. 
Un mes después, el 17.4.2014, enclaustrado, en silencio y en soledad, fuera del alcance de sus lectores y admiradores, resignados a suponerlo –igual que a su amigo Fidel- con el más allá vuelto más acá, murió el colombiano que jamás morirá.





miércoles, 17 de abril de 2013

EL GRAN COLOMBIANO



Si Gabriel García Márquez hubiese nacido no en Colombia sino en Bolivia o Ecuador, y hasta acaso en el mismo Brasil, la encuesta que la cadena televisiva History Channel viene promoviendo tendría algun sentido.
Ocurre que el canal de marras ha lanzado al aire una secuencia de opinión (en opinión de las colombianas y de los colombianos) para determinar quien es el colombiano, o colombiana, más celebre y representativo (a), de todos los tiempos.
Sin embargo, la consulta me parece tan inoportuna y candorosa como preguntar quien es el escritor más importante del idioma español de todos los tiempos.
Sucede que el Gabo nació en Colombia y en consecuencia -como, con absoluta franqueza, lo manifestara alguna vez- él solo, solito, con sus palabras y sus historias, es innegable que le ha dado a Colombia más prestigio y presencia universal que cien presidentes de la república juntos.
Por los siglos de los siglos. Amén.