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martes, 18 de octubre de 2016

JUEGO DE LA MUERTE


"La muerte, mujer al fin, me atrae. Si no vine, saltaré a su encuentro", decía "El Brujo" Walter Ledgard, legendaria gloria de la natación peruana. Llegada la hora, después de dedicarse por casi medio siglo a la enseñanza de su mayor pasión, Ledgard fue velado al centro de una piscina, rodeado de trofeos y amigos.
En mi caso, valgan verdades, habida cuenta de que se trata no solo de un hecho inexorable, sino necesario y saludable, nada apreciaría más que alguna mano piadosa (o, acaso, amorosa) vierta mis cenizas en la catarata Escalón, camino a la Cordillera Huayhuash.
No estaré para agradecerlo, pero de manera inequívoca estas palabras -nunca más como en aquel momento- con absoluta certeza, cobraran vida.

viernes, 30 de octubre de 2015

BRINDIS DE PALABRAS


Al agradecer todos los saludos (intangibles y virtuales) sin menoscabo de los otros (fugaces y factuales) creo oportuno manifestar que siempre extrañaré tener 50 años. Pero mi nostalgia se funda no tanto en que la medía centuria es una edad de celebraciones preeminentes y hasta prominentes, en mi caso, se debe sencillamente a todo lo vivido y compartido (ceremonia en Palacio de Gobierno, el descubrimiento de la Cordillera Huayhuash, participación en el festival internacional de homenaje a J. M. Arguedas, un libro en camino y un gran amor en este recodo del camino) comporta el breve y puntual recuento de mi regocijo.
Pero en particular, celebro con no menos gratitud, las muestras de aprecio y los saludos de quienes me leen y me escuchan. Habitar un lugar en su memoria y en sus afectos me conmueve y emociona. Pues saberlo me hace sentir que todos los días son para mí tal si fueran mi cumpleaños.


Ser destinatario de la atención y la invitación de los jóvenes conformantes de la asociación cultural "Musuq Yawar" en la tierra de Arguedas y de igual modo del colectivo "Cielo Abierto" en Barranca (la otra tierra del maestro) es desde ya un regalo y al mismo tiempo un apasionante desafío. Y ni que decir, de las consideraciones de la tierra en que nací (Cajatambo) y de aquella a la que me alberga (Huacho).
Quisiera decir más cosas pero prefiero limitarme a creer que -tal como lo creí siempre- a partir de los cincuenta viviría la vida de mi sueños. Y por eso, envanecido por todos los mensajes recibidos, prefiero concluir con uno que merece conservarse en el joyero de la memoria y del corazón: "Mi querido amigo César Augusto Reyes Villanueva, tenga Usted el saludo de toda mi familia y mío. Amigo de siempre, desde los años sanmarquinos hasta el presente. Distinguido por ese derroche de caminos seguidos en la realidad y la ficción. En tu día César, un brindis y un gran afecto. Y como dice Ruben Blades en su canción 'La Mora': 'Que el cielo te colme de habichuelas".
Si es verdad que una de las razones para escribir es la distinción de ser querido y requerido convencido lo proclamo y digo: valió la soledad. Gracias. Es decir: ¡Salud amigos!

miércoles, 24 de julio de 2013

SIESTA EN LA MONTAÑA / SIESTA NA MONTANHA

Eu na siesta

El domingo 7 de julio de 2013, luego de ascender con extremo esfuerzo más de cinco mil metros de altura, para contemplar la suprema belleza turquesa de la laguna Jurao y la albura majestuosa de las montañas que la rodean.

Luego de ascender con mis noventa kilos a cuestas y escuchar la sorpresa de David después que, salvo los dos cajatambinos: Ricardo y yo, aspiráramos a la cumbre: " Señor César, ¿a sus cincuenta años cómo hace para andar tanto?"

Luego de tender el poncho negro, (el mismo poncho que lleva un agujero que me recuerda mis días de capeador). Luego de tender, repito, a manera de mesa telar el poncho negro, para almorzar un menú frío compuesto por papas arenosas, queso, atún y pan con mate de coca, me dormí.

Me dormí orgulloso de estar en Cajatambo; en la tierra en donde nací.
Y hasta soñé que aquel sueño era un sueño.



Lagoa Juaro y monte Querequelle

No domingo, 7 de julho, 2013, após esforços acabar com mais de cinco mil metros, para contemplar a beleza suprema da lagoa Jurao e montanhas circundantes.
Depois de subir aos meus noventa quilos nas costas e ouvir a surpresa de David depois que, com exceção dos dois cajatambinos: Ricardo e me na cimeira aspiráramos "Senhor César, aos cinqüenta faz caminhada quanto?"
Depois de colocar o poncho preto (mesmo usando um poncho ataque buraco me faz lembrar de uma vaca, os meus tempos de capeador). Depois de construir, por exemplo, como uma mesa de tear poncho preto, menu frio almoço consiste de batatas de areia, queijo, atum e pão com agua da coca eu dormï.
Dormi muito feliz de acharme em Cajatambo, na terra onde nasci.
E até que esse sonho foi um sonho.

Cidade de Cajatambo (Perú)

viernes, 19 de julio de 2013

CAZADOR DE IMÁGENES

Yerupajá (6,634)


Marco Antonio Chávez Reyes no nació en Cajatambo, pero Cajatambo nació en él. Rosa Gonzales y Víctor Reyes, sus abuelos, forjaron aquella pasión. Una pasión que ha marcado su vida y que Marco ha perennizado en imágenes rotundas y precisas. Y es que (como todos, o casi todos) Marco toma fotografías, pero en su caso (a diferencia de todos, o casi todos) es lo que mejor sabe -y prefiere- hacer.
Pues ocurre que Marco es fotógrafo de profesión y Cajatambo uno de sus más acuciosos y entrañable objetivos. Por eso mismo, en homenaje a Rosa y Víctor, un día trepó a las alturas (al fundo familiar de Yanapampa-Altuscancha, localizado, por si fuera poco, en las proximidades de la Cordillera Huayhuash) para capturar la secuencia más lograda y memorable de fotografías -distintas a las perspectivas convencionales- de las montañas más cautivantes, e intimidantes, de Cajatambo.



Aun cuando en el siglo XXI no exista sino el recuerdo de la hacienda Pumarinri -conformada por más de once mil hectáreas de pampas, cerros y lagunas- el fundo Yanapampa-Altuscancha, es parte de aquella propiedad que por más de un siglo perteneció a los herederos y descendientes de José del Carmen Reyes Gutiérrez. De manera que el siglo XXI, aun después del proceso de reforma agraria que expropió y desarticuló  Pumarinri, a lo largo de la quebrada de río Izco (desde la catarata de Escalón hasta la laguna-represa de Viconga) no todas las pampas ni cerros son  propiedad de Uramaza y Huayllapa, comunidades campesinas beneficiarias de la afectación adjudicataria.
Convertida en ruta de turismo internacional, no obstante, su pasado, su presente y su futuro, aun pertenece -no menos que su gloria irrevocable- a hombres como Marco, que marcan su destino conforme lo sentenciara Wolfang Goethe: "Merece lo que heredas".  


http://www.facebook.com/marco.chavez.reyes/media_set?set=a.90108620847.94835.728105847&type=3


viernes, 5 de junio de 2009

HISTORIAS DE CAMINOS



















En 1984, con ocasión de las fiestas patronales, al cumplir los veintidós años, decidí volver a Cajatambo. Pero -a diferencia de cientos de mis paisanos- en lugar de comprar un pasaje o acondicionar el rodado familiar decidí alistar mi caballo. Durante dos días (entre doce y ocho horas) cabalgué hasta llegar. Al atardecer, poseído de una emoción tan intensa -solo comparable al melancólico furor del sol cuando se va- me detuve a contemplar los oscuros techos de calamina y las estrechas callecitas del pueblo donde nací. Entonces comprendí que mi viaje más que un regreso era un homenaje al pasado. Un reencuentro con mis antepasados al mismo tiempo que un inolvidable privilegio de la vista en la vasta desolación de las alturas. (Pues siempre me acompaño la certeza de que aquel solitario peregrinaje que emprendí desde Ambar hasta Cajatambo era más que la reiteración de la ruta de extintos viajeros).
Veintidós años después, en el 2008, he vuelto a recorrer aquel viejo camino de piedras legendarias y mi primera impresión ha sido de sorpresa y gratitud. Sorpresa por encontrar intacto el sendero guardado en mi memoria y gratitud por haber sido el muchacho a quien debo este recuerdo. Pues aun con veinte kilos más (y demás) al cruzar las lagunas de Jurorcocha y en especial al ascender a la cima de Huamáncalle (que quiere decir: Morada de los Cóndores) y coronar la más hermosa vista del horizonte de montañas que forman la Cordillera Huayhuash era evidente que había alcanzado la altura más elevada del camino y al mismo tiempo de mi nostalgia.
Sin embargo, aun cuando en ningún momento me propuse no regresar tampoco consideré necesario hacerlo. En todo caso me pareció suficiente recompensa saber que aquel secreto y memorable viaje sería siempre uno de los aciertos más preciados de mi remota juventud. Pese a todo, me indujo el deber a volver. El deber de compartir lo que un día mire y admire. De manera que cuando Oyvind Wesseltoft (un noruego que acostumbra con orgullo aclarar: “No soy gringo. Yo soy vikingo”) me comunicó su decisión de inaugurar una nueva ruta para Coexamazón, la empresa de turismo vivencial que junto con Laura, su esposa, dirige, que uniría Caral con Kotosh; es decir, dos regiones (Lima y Huanuco) y cuatro provincias (Barranca, Cajatambo, Lauricocha y Huanuco) a través de apartadas trochas carrozables y olvidados caminos de herradura, tuve la certidumbre absoluta de saber, al fin, que no era solo un audaz aventurero nórdico quien me llamaba sino el destino.
Una certidumbre que a la luz de las estrellas -cuando todavía las estrellas iluminaban el pueblo donde nací- la misma noche de mi llegada, enfundado en un poncho negro, me fue hermosamente revelada en la calles de Cajatambo al ritmo de las guitarras y las mandolinas: ”Que culpa tengo yo/ de ser cholo cajatambino./Todos dirán ya se fue;/ nadie me recordara/ pero yo he de volver/ a mi santa tierra”. Habituados a entonarla todos en el grupo, amigos y familiares, bailaban y cantaban esa repetida canción; solo yo, en la discreción de la noche, era el único que bailaba y a la vez lloraba, en silencio, a la luz de las estrellas.