jueves, 23 de marzo de 2017

PÁLIDOS PERO SERENOS

Una lúcida reflexión, entre desbordes y escombros, sobre la fuerza de la solidaridad y la responsabilidad de prever los estragos de los aguaceros por venir:
"Como símbolo de estos luctuosos sucesos, está allí lo acontecido con Evangelina Chamorro, una modesta mujer que fue arrastrada por la torrentera por espacio de varios kilómetros, que resistió valientemente, casi inconsciente, la embestida del lodo, los palos y demás objetos que traía consigo el deslave, aferrada a su poderoso instinto de vida, al pensamiento constante en sus hijas, a sus ganas indoblegables de luchar por ellas, de vencer a la muerte. Emergió del barro en una secuencia icónica que dio la vuelta al mundo, y que un artista colombiano ha inmortalizado en una bellísima escultura en plastilina. Su imagen, grabada en las retinas de todos quienes observamos estupefactos su triunfo frente a la muerte, su insuperable capacidad de resiliencia, es la que debe servir para que un país asuma su momento más doloroso como la oportunidad para levantarse de sus cenizas, de salir airoso de esta horrible prueba, y reconstruirse desde la unidad, desde la solidaridad, desde el sentimiento genuino de que todos los peruanos dejamos de lado pasajeras divisiones políticas e ideológicas para abocarnos al desafío mayor que nos planta el destino, cada quien desde el terreno que le corresponde".

OCCIDENTE y ORIENTE / LUZ y SOMBRA



"Los occidentales utilizan, incluso en la mesa, utensilios de plata, de acero, de níquel, que pulen hasta sacarles brillo, mientras que a nosotros nos horroriza todo lo que resplandece de esa manera, Nosotros también utilizamos hervidores, copas, frascos de plata, pero no se nos ocurre pulirlos como hacen ellos. Al contrario, nos gusta ver como se va oscureciendo su superficie y cómo, con el tiempo, se ennegrecen del todo".

Fragmento de "El elogio de la sombra", el mas extraordinario ensayo de la lengua japonesa en versión digital:    http://www.tallerbaliero.com.ar/…/02_ElogioDeLaSombra-Taniz…

jueves, 19 de enero de 2017

UN CASTILLO DE NAIPES

Josefina Barrón (1969) es una mujer cuya principal virtud es la de mirar con la imaginación y la de expresar su mirada, rigurosa y apasionada, en palabras. En definitiva, se trata de una mujer hermosa que escribe hermosamente. Sus textos, más que respuestas, constituyen indagaciones, rastreos, búsquedas,  sobre lo que somos, a pesar de lo que ignoramos o creemos saber, sobre nuestro pasado y nuestro presente. Y es que en el Perú hemos estado demasiado habituados a textos modestos destinados  a la inmediatez y la superficialidad para darnos cuenta que necesitamos (al igual que todos los pueblos) una luz que lo ilumine, que sea al mismo tiempo, un espejo en el cual mirarnos. Precisamente, para ser menos indignos de lo que fuimos, los ensayos breves de Josefina nos permiten avistar, otear, la otra orilla de la existencia, la más trascendente de todas: la de la memoria.   


Las cartas que escribió Humboldt durante su estadía en Lima revelan la mala impresión que se llevó el sabio alemán de nuestra ciudad, de su realidad social, su idiosincrasia y atmósfera. No era como la habían descrito en Europa, suntuosa, de mujeres hermosas y fortunas inmensas. Él la describe como un castillo de naipes, pues sus gentes se habían entregado al vicio del juego de tal forma que las reuniones sociales solo terminaban cuando todos los asistentes habían derrochado su hacienda en la mesa. Como afirma el sabio alemán, no había ciudadano que se respetara si no era jugador como los otros.

Humboldt observa una Lima de calles sucias, donde los burros yacían reventados sobre las calzadas. Era una sociedad frivolona que aburría al científico con sus alardes de rancia grandeza. Decadente hasta en la arquitectura de mansiones en las que la profusión de estilos, más que dialogar, rompían a pelear. Queda desanimado de las mujeres limeñas, porque si bien se paseaban sobre coches bellos, protagonizaban el horrendo espectáculo de chupar la raíz enrollada de la Sida fruticosa, que de lejos lucía como un hueso pero, argumentaban las limeñas, servía para limpiar los dientes.
Alexander von Humboldt (1769-1859)

Lima no pasaba por su mejor momento. El virreinato del Perú había perdido su poder, al igual que la nobleza colonial que la componía. Las reformas borbónicas intervinieron en la administración pública. Se crearon nuevos virreinatos, como el de Nueva Granada y el de Río de la Plata; se reorganizó la defensa militar con el establecimiento de las capitanías de Venezuela y Chile. El Callao dejó de tener el monopolio comercial. Aún más abatió a Lima el estallido de numerosas rebeliones indígenas que habían dejado una secuela de rencores y recelos en la sociedad, cosa que Humboldt respiró desde el primer día. Es más, él mismo dudaba de la autenticidad del sentimiento patriótico de Túpac Amaru y de los limeños en general; enfatizaba en sus cartas ese odio entre castas que entorpecía la integración social y el consecuente desarrollo de todo el territorio. Advertía que en ninguna otra ciudad de la América española el sentimiento de patriotismo estaba más apagado que en Lima. Decía percibir una monstruosa desigualdad de derechos y fortunas. A eso podemos agregar que, además de los vicios propios del colonialismo, éramos aún una sociedad esclavista.

El sabio alemán soltó en sus cartas una dramática verdad que hasta el día de hoy es tristemente vigente: que en Lima no había aprendido nada del Perú, que Lima estaba más lejos que Londres del Perú, que existía, como existen hasta hoy, un Perú profundo y uno oficial. Él vio y sintió ese suelo peruano antes de llegar a Lima. A sus treinta y tres, medía la temperatura de nuestro mar, impactado por el contraste que ofrecían sus aguas animadas por todo tipo de peces, mariscos y aves y el litoral costeño de inexorable desierto, apenas interrumpido por valles intermitentes, que no hacían sino hacerlo evocar la alta meseta de Saraguro, en Loja. Haciendo gala de un fino humor, concluyó que el dios Rímac, quien según Garcilaso se trata del dios hablador, preside todavía a todas las clases sociales de Lima, pues hay pocos lugares en el mundo donde se hable más, y se obre menos.

viernes, 30 de diciembre de 2016

EL MISTERIO DE EXISTIR


(1914-1999)

Sabio y sereno, en el tramo final de su vida, el escritor Adolfo Bioy Casares, confesó un día -después de tantos libros leídos, pueblos recorridos y mujeres conquistadas- que nada, salvo el sabor del pan sobre la mesa o el olor del césped recién cortado, le infundian emociones más intensas para seguir aferrado el pasajero misterio de existir.
Asombrado y abrumado por su propia gratitud, Bioy se preguntaba que resulta curioso y paradójico que en cosas tan simples resida el auténtico goce de vivir.



jueves, 29 de diciembre de 2016

EL RETORNO


Brisa, Edwin y Jessy
Aun cuando las palabras de este poema salieron de mis manos no hubieran existido sin la repentina convalecencia de Jessy Chavarria Hijar . Pues a Brizeida Hijar y Edwin Chavarria, un día que jamás olvidaran, les tocó enfrentar la espera mas desesperante que pusiera termino al estado de inconsciencia súbita que postró por semanas a su primogénita.
Profesor, ganadero y  músico, Edwin, cierta tarde se lamentaba no haber compuesto nada dedicado a su hija. Dada la circunstancia que confrontaba, su consuelo fue contarme los detalles y pedirme que redacte algo.
Cuando lo hice y le envié el poema, la vez que nos volvimos a encontrar su mirada y sus palabras me dejaron perplejo: "César, gracias hermano. Cada vez que leemos lo que escribiste para mi hija, todos lloramos". No supe que decirle y tampoco lo sé al compartirlo aquí . Solo sé, con absoluta certeza, que nunca Cajatambo fue mas inolvidable con ellos, y por ellos, a pesar de los pesares.



Pensé que solo te quería
Que eras mi mayor alegría
La tierna niña de mis ojos

La voz que ha de guardar mi canto
Los pasos en donde seguiré andando
Los ojos de mi mirada ausente

Sin embargo de pronto un día
Tierno torrente de ternura
Te callaste hasta colmarte de silencio

Así descubrí el espanto
La soledad más solitaria
El llanto más lúgubre

Comprendí que muy a su pesar
Quienes mas nos aman
Más nos hieren cuando callan

Pues cuanto más intensa la dicha
Más atroz el dolor del amor

Más feroz el rumor de la vida
 
Con todo y contra todo
Cuando el día se hizo desierto luminoso
Y la noche oscuro túnel sinfín

Sin pensarlo atravesamos el desierto
Nos sumergimos en el túnel
Y esperanzados te esperamos

Sabíamos que querías mirarnos
Regalarnos una sonrisa
Vernos mirarte otra vez

Hasta que un día inolvidable despertaste
Nos regalaste la sonrisa más bella
La mirada más tierna

Entonces al verte sonreír comprendí
Que no era solo mi hija amada
Sino la vida misma la que me sonreía


martes, 20 de diciembre de 2016

CADA 25 DE DICIEMBRE



















Si hay un día en que los que más tienen
Se preocupan de los que menos tienen
Es cada 25 de diciembre

Si hay un día en que los que menos tienen
Sienten que pueden un poquito más
Es cada 25 de diciembre

Si hay un día en que los malos procuran no parecerlo
Y los buenos descubren que no lo han sido tanto
Es cada 25 de diciembre

Por eso si hay un día en que me aparto de la gente
Es solo un día:
Cada 25 de diciembre
 




jueves, 15 de diciembre de 2016

ESPACIO y TIEMPO


Cada mañana te miro partir
cada noche te miro regresar
así transcurren los días
en este camino que se hizo calle  

A pesar de los años
apenas no nos ignoramos
sin renunciar al saludo
nuestro trato prescinde de diálogos

Una mirada cordial
un gesto son suficientes
para celebrar la coincidencia
de poblar la misma calle

Hermosa y vigorosa 
a diario vas y vienes
calvo y gordo por mi parte
cada día salgo y vuelvo 

Igual que siempre ayer
al final del día te vi llegar
tú a tu puerta
yo a la mía

Simulando no hallar la llave
me detuve a contemplarte
en cambio tú si 
te paraste a esperar

Menos de un minuto
tardó en abrirse la puerta
que resguarda tus secretos
la morada de tus sueños

Breve espacio tiempo vasto
centímetros y segundos  
piadosos y propicios
para ver al viejo que te mira