lunes, 10 de julio de 2017

ALTURAS DE MACHU PICCHU

 

Después de leer los comentarios que acompañan la difusión del video adjunto -en atención a los jóvenes, de todas las edades, que reparan en este promiscuo reducto virtual- vuelve a mi memoria un episodio que viene al caso rememorar y compartir.
Ocurre que después de ver la emisión del video por tv Perú, compré el casset que contenía el audio y nunca me cansé de escucharlo. De manera que cuando en 1986 Los Jaivas llegaron a Lima -para participar en un encuentro cultural auspiciado por el gobierno- consideré intolerable no ir a verlos actuar.
Una tarde inolvidable en el estadio de la UNI hicieron su presentación apoteósica y allí, consternado de emoción, estuve ante la poesía de Pablo Neruada hecha canto.
Por si fuera poco, no contento con verlos y escucharlos, me acerqué al Gato Alquinta (la voz principal del grupo) y le extendí la mano. Más aún todavía: conversamos.
Recuerdo -imposible olvidarlo- haberle preguntado por el parecer de Matilde Urrutia, la última esposa del poeta: "La viuda dice que a ella no le gusta tanto lo que tocamos pero si que está segura que ha Neruda le hubiera encantado".
Palabras vueltas canto, signos luminosos, tan precisas, admirables y perdurables como las majestuosas piedras que exaltan.
 
 
 


martes, 20 de junio de 2017

TRAGEDIA y POESÍA



Un día de fines de 1997 un rayo mató a Joaquina.
Murió en las alturas de Ambar pero nació en Cajatambo.
En 2013, camino a Ambar para inaugurar una biblioteca, leí el poema que escribí en su nombre ante una comitiva de poetas y escritores de Argentina, Ecuador y Perú.
Terminada la ceremonia de protocolo los visitantes pidieron en pleno traslarse al cementerio.
Frente a su tumba hubo cantos y lectura de poesía.
Por si fuera poco, el fugaz sabor de los labios de Ambar Lizeth al coincidir en una esquina, convirtió mi gratitud en perplejidad.
Sin embargo, mi perplejidad devino en asombro cuando  -meses después- llegó a mis manos una antología publicada en Argentina, donde  no solo figuraba el texto del poema sino el contexto que lo precedió.

JOAQUINA

Miro tu foto
en la portada de un periódico.
Tu cuerpo inerte
sobre la camilla de palos.

El tempo ha pasado
y parece mentira
tanta noticia.

Parece mentira pero es verdad.

Las tardes de junio cuando cantabas
en San Juan.
Tu vida en Torrejirka
donde llegaste siendo niña todavía.

Todo ha terminado.
Tu imagen es ahora un símbolo trágico,
una usencia famosa.

Parece mentira pero es verdad.
Encontrarte en una esquina
y en otra.
Y saber que eres y no eres.


 

jueves, 25 de mayo de 2017

CARTA A CAJATAMBO

 


Ninguna calle lleva su nombre. Ninguna escuela lo recuerda. Ningún club lo menciona. Sin embargo, nadie logró tanto por tan poco en la historia de Cajatambo.  
Figura protagónica de su siglo, José del Carmen Reyes Gutiérrez, mereció la amistad y el reconocimiento del general Andrés Avelino Cáceres. 
Y por eso mismo  su legado perdura -como en esta carta suscrita por el héroe de la Breña- en las páginas mas gloriosas de su pueblo y de su patria.  
 
 
 
Tarma, Noviembre 18 de 1882
 
Sr Sub Prefecto de la Provincia de Cajatambo.
 
Tengo perfecto conocimiento de que en el pueblo de Rapáz; existen tres mil cabezas de ganado lanar y ochenta del vacuno, que pertenecientes a la cofradía de ese pueblo, y destinado a los gastos de pan y vino, solo es aprovechado por el cura del lugar, Antonio Novoa.
U. S. que vine dando tan relevantes pruebas de afecto y protección a mi ejército; U. S. que acaba de hacer una valiosa y oportuna remesa de bestias para el servicio de las fuerzas del Centro; U. S. que cuenta y debe contar con firme convicción, con la gratitud de estos soldados, para quienes, en medio de sus fatigas y penalidades, todo lo esperan de sus generosos hermanos, entre los cuales U. S. ocupa un lugar tan distinguido; U. S. repito tiene hoy una propicia reacción; para ofrecer a este abnegado Ejército, un auxilio más, disponiendo la remisión a este Cuartel General, del ganado ya dicho.
Aparte de que U.S. comprende cuanto agradecerán mis fuerzas ese recurso, llamado a satisfacer en parte su subsistencia, debe tener en cuenta que el ganado de que se trata, solo es del exclusivo provecho de un párroco, que no necesita de él para el lleno de su ministerio, que nada ha hecho hasta hoy por su patria; que aparte de sus intereses particulares, tiene crecidas inversiones (...) debe desprenderse de ese ganado, haciendo así algo por aliviar la suerte de este Ejército.
No dudo que U. S. interpretando nuestra indicación, y cumpliendo con las exigencias de su patriotismo, del cual viene dando tan claras pruebas, no omitirá medio alguno, para ofrecer una vez mas  a mí Ejército, el contingente de su buena voluntad e interés que el le infiere.

Dios guarde a Ud.

                        Andrés  Avelino Cáceres 

lunes, 22 de mayo de 2017

ENTRE CERROS Y QUEBRADAS



Entre cerros y quebradas
se encuentra Cajatambo
esa es la tierra mía
cuna de lindas mujeres


Por eso con alegría
admiramos su hermosura
porque ellas en la vida
significan la ternura
 
Desde las playas costeras
a las altas cordilleras
subirá la carretera
conquistando a nuestro pueblo
 
Viva Cajatambo pueblo lindo
vivan sus costumbres tan queriidas
cantemos unidos su hermosura
cantemos cajatambinos con toda alegría
 
Autor: Walter Quinteros Salazar
 
 





jueves, 23 de marzo de 2017

OCCIDENTE y ORIENTE



"Los occidentales utilizan, incluso en la mesa, utensilios de plata, de acero, de níquel, que pulen hasta sacarles brillo, mientras que a nosotros nos horroriza todo lo que resplandece de esa manera, Nosotros también utilizamos hervidores, copas, frascos de plata, pero no se nos ocurre pulirlos como hacen ellos. Al contrario, nos gusta ver como se va oscureciendo su superficie y cómo, con el tiempo, se ennegrecen del todo".

Fragmento de "El elogio de la sombra", el mas extraordinario ensayo de la lengua japonesa en versión digital:    http://www.tallerbaliero.com.ar/…/02_ElogioDeLaSombra-Taniz…

jueves, 19 de enero de 2017

UN CASTILLO DE NAIPES

Josefina Barrón (1969) es una mujer cuya principal virtud es la de mirar con la imaginación y la de expresar su mirada, rigurosa y apasionada, en palabras. En definitiva, se trata de una mujer hermosa que escribe hermosamente. Sus textos, más que respuestas, constituyen indagaciones, rastreos, búsquedas,  sobre lo que somos, a pesar de lo que ignoramos o creemos saber, sobre nuestro pasado y nuestro presente. Y es que en el Perú hemos estado demasiado habituados a textos modestos destinados  a la inmediatez y la superficialidad para darnos cuenta que necesitamos (al igual que todos los pueblos) una luz que lo ilumine, que sea al mismo tiempo, un espejo en el cual mirarnos. Precisamente, para ser menos indignos de lo que fuimos, los ensayos breves de Josefina nos permiten avistar, otear, la otra orilla de la existencia, la más trascendente de todas: la de la memoria.   


Las cartas que escribió Humboldt durante su estadía en Lima revelan la mala impresión que se llevó el sabio alemán de nuestra ciudad, de su realidad social, su idiosincrasia y atmósfera. No era como la habían descrito en Europa, suntuosa, de mujeres hermosas y fortunas inmensas. Él la describe como un castillo de naipes, pues sus gentes se habían entregado al vicio del juego de tal forma que las reuniones sociales solo terminaban cuando todos los asistentes habían derrochado su hacienda en la mesa. Como afirma el sabio alemán, no había ciudadano que se respetara si no era jugador como los otros.

Humboldt observa una Lima de calles sucias, donde los burros yacían reventados sobre las calzadas. Era una sociedad frivolona que aburría al científico con sus alardes de rancia grandeza. Decadente hasta en la arquitectura de mansiones en las que la profusión de estilos, más que dialogar, rompían a pelear. Queda desanimado de las mujeres limeñas, porque si bien se paseaban sobre coches bellos, protagonizaban el horrendo espectáculo de chupar la raíz enrollada de la Sida fruticosa, que de lejos lucía como un hueso pero, argumentaban las limeñas, servía para limpiar los dientes.
Alexander von Humboldt (1769-1859)

Lima no pasaba por su mejor momento. El virreinato del Perú había perdido su poder, al igual que la nobleza colonial que la componía. Las reformas borbónicas intervinieron en la administración pública. Se crearon nuevos virreinatos, como el de Nueva Granada y el de Río de la Plata; se reorganizó la defensa militar con el establecimiento de las capitanías de Venezuela y Chile. El Callao dejó de tener el monopolio comercial. Aún más abatió a Lima el estallido de numerosas rebeliones indígenas que habían dejado una secuela de rencores y recelos en la sociedad, cosa que Humboldt respiró desde el primer día. Es más, él mismo dudaba de la autenticidad del sentimiento patriótico de Túpac Amaru y de los limeños en general; enfatizaba en sus cartas ese odio entre castas que entorpecía la integración social y el consecuente desarrollo de todo el territorio. Advertía que en ninguna otra ciudad de la América española el sentimiento de patriotismo estaba más apagado que en Lima. Decía percibir una monstruosa desigualdad de derechos y fortunas. A eso podemos agregar que, además de los vicios propios del colonialismo, éramos aún una sociedad esclavista.

El sabio alemán soltó en sus cartas una dramática verdad que hasta el día de hoy es tristemente vigente: que en Lima no había aprendido nada del Perú, que Lima estaba más lejos que Londres del Perú, que existía, como existen hasta hoy, un Perú profundo y uno oficial. Él vio y sintió ese suelo peruano antes de llegar a Lima. A sus treinta y tres, medía la temperatura de nuestro mar, impactado por el contraste que ofrecían sus aguas animadas por todo tipo de peces, mariscos y aves y el litoral costeño de inexorable desierto, apenas interrumpido por valles intermitentes, que no hacían sino hacerlo evocar la alta meseta de Saraguro, en Loja. Haciendo gala de un fino humor, concluyó que el dios Rímac, quien según Garcilaso se trata del dios hablador, preside todavía a todas las clases sociales de Lima, pues hay pocos lugares en el mundo donde se hable más, y se obre menos.

viernes, 30 de diciembre de 2016

EL MISTERIO DE EXISTIR


(1914-1999)

Sabio y sereno, en el tramo final de su vida, el escritor Adolfo Bioy Casares, confesó un día -después de tantos libros leídos, pueblos recorridos y mujeres conquistadas- que nada, salvo el sabor del pan sobre la mesa o el olor del césped recién cortado, le infundian emociones más intensas para seguir aferrado el pasajero misterio de existir.
Asombrado y abrumado por su propia gratitud, Bioy se preguntaba que resulta curioso y paradójico que en cosas tan simples resida el auténtico goce de vivir.