martes, 2 de abril de 2013

HOMBRES DE MAR



Siendo la de ser humano una condición muy especial -la de existir por el hacer y por el decir- no deja de ser también paradójica: habitar un planeta que no es más que un puntito azul en el vasto universo. Azul también por ser más que tierra, agua, ignoto mar. En ese sentido, nada más gratificante, a la vez que perturbador, que compartir el esclarecedor comentario de Areli Ricaño Tapia.



Existen diversas criaturas mitológicas de las que el hombre se ha valido para crear historias fantásticas. Una de ellas es la sirena. Resulta que hace unos días me enteré que existe un grupo de biólogos de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) Agencia Federal Norteamericana, que están convencidos que las sirenas sí existen.

Todo comenzó en el 2004, cuando un varamiento de ballenas fue descubierto primero en Washington y después en las costas de todo el mundo. Resulta que en 1999, este mismo grupo de biólogos publicó que la Marina de Estados Unidos realizaba pruebas de armamento con uso de sonares dentro del océano lo que provocaba que las ballenas se desorientaran y fueran a dar a las playas, en donde, debido a su peso y tamaño, les era imposible regresar al mar por lo que terminaban asfixiándose. Cuando estos nuevos varamientos tuvieron lugar, la Marina de inmediato hizo acto de presencia para asegurar que ya no llevaban a cabo actividades con sonar desde 1999.

Dentro de las investigaciones que la NOAA realizó con la intención de verificar las causas del varamiento masivo, obtuvieron la grabación de unos sonidos completamente desconocidos, que no pertenecían ni a las ballenas ni a los delfines, y fue entonces que surgió la inquietud por descubrir qué o quién los provocaba.

El Dr. Paul Robertson y la Dra. Rebecca Davis, son dos de los biólogos que aportan argumentos que sostienen que hay una especie que vive en las profundidades del océano y que además, se relaciona y socializa con ballenas y delfines. Con la ayuda de unos restos encontrados en las entrañas de un tiburón, hicieron una reconstrucción completa de un esqueleto, lo que tuvieron como resultado fue simplemente asombroso. Era una criatura con una larga cola de pez, un cráneo humano con una cresta justo en el centro de la cabeza y huesos similares a los que tenemos en la mano. Es decir, era una criatura mitad hombre mitad pez, que tenía las características necesarias para crear por sí mismo herramientas, ya que incluso el tiburón que contenía los restos, también había sido atacado, y tenía incrustado en el costado, una punta de lanza hecha con hueso de mantarraya.

Existe una teoría que sostiene que hace más o menos siete millones de años, en las costas de África, nuestros ancestros decidieron adentrarse en el mar para evitar los peligros que representaban la erupción de volcanes, los depredadores y demás amenazas ocurridas en tierra. A partir de entonces evolucionaron hasta convertirse en criaturas capaces de vivir dentro del agua. Ésta es conocida como la Teoría del simio acuático, que si bien suena un tanto descabellada, tiene algunos puntos de apoyo como por ejemplo el hecho de que los humanos somos la única especie, dentro de los primates, que carecemos casi por completo del pelo corporal, ya que éste representa un estorbo dentro del agua, somos los únicos mamíferos bípedos, poseemos un aparato respiratorio que nos permite controlar conscientemente la respiración. También hace alusión a la porción de piel entre el índice y el pulgar que tenemos los humanos, que aparentemente carece de valor en la tierra, no así en el agua. Hay otra cosa que los defensores de esta teoría toman también en cuenta, que es la capacidad de las mujeres para dar a luz en el agua. La madre sufre menos dolor y el bebé no tiene ningún problema para estar bajo el agua, aunque nadie la haya enseñado antes a nadar.

Robertson y Davis explican, que la Marina de Estados Unidos sustrajo de su laboratorio toda la información y las pruebas que hasta el momento habían encontrado con el fin de ocultar al público la existencia de estos seres, sin embargo, aún conservan la grabación del extraño y desconocido lenguaje, porque se clasificó como tal, que ésta especie utiliza para comunicarse.

A pesar de todos los obstáculos que han tenido, estos biólogos aseguran que las sirenas existen desde hace muchos años, por eso es que los grandes viajeros (griegos, chinos y vikingos por ejemplo) hablaron de ellas y relataron la convivencia que sostuvieron al encontrarlas. Dice Robertson, ¿cómo es posible que estas historias se repitieran entre marinos de todo el mundo cuando no tenían forma de comunicarse entre sí para ponerse de acuerdo en la descripción? Otro punto también del que se valen es la existencia de unas cavernas en Egipto, que estaban cerca de la bahía hace unos 30 mil años en donde hay pinturas antiguas que describen como hombres con cola de pez, nadan junto con peces grandes, sosteniendo lanzas como si los estuvieran cazando con el fin de alimentarse.

Otro dato que me pareció interesante, es el hecho de que descubrieron uno de los artefactos sumergidos por la Marina, completamente destruido, pero no por dientes o colmillos, si no desarmado para evitar su funcionamiento. Al parecer estos seres desconocidos, viajan con las ballenas para protegerse mutuamente de los tiburones en principio, pero parece que también se cuidan de los seres humanos, que representan una gran amenaza para su especie y esta es una de las razones, dicen ellos, para mantenerse ocultos en la inmensidad del mar.

Ciertamente nuestro planeta contiene más agua que tierra, el hombre se ha enfocado más en el estudio del cielo que del mar, y por lo mismo existen especies marinas que aún no han sido vistas. Si las sirenas son un mito o no es algo que no está probado todavía, pero me parece que debemos estar abiertos a las posibilidades de otras formas de vida. El mundo es increíblemente vasto, la cosa es observar con cuidado y admirar la belleza de todo lo que nos rodea.

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