miércoles, 7 de agosto de 2013

EL RUMOR DE LA VIDA

A principios del siglo XXI mas de siete mil millones de hominidos pueblan la tierra y más de mil millones son usuarios de su invento mas vasto y cautivante: el Internet. Pero aquellos hominidos recién a principios del siglo XIX alcanzaron la pasmosa cifra que consagró su preminencia: mil millones, después millones de años de sacrificios por sobrevivir y perdurar.
Con todo, aun cuando nacer y morir, es asunto cotidiano, venturoso y ruin, de la existencia; valgan verdades, en estos tiempos en que todo se piensa, y sobre todo, se muestra, muchas son las palabras sobre la vida y la muerte, pero pocas, muy pocas, las imágenes que la muestren.Por lo menos, en su aspecto mas anodino y elemental.
Al fin y al cabo, por prodigiosa que sea la maravillosa continuidad de la vida, el aumento no pasa de ser un hecho corriente y común: una simple y vulgar expulsión. O, como respondiera Isolina Urbano a su hermana mayor, sola y soltera, que la interrogó sobre lo que siente una mujer cuando protagoniza el milagro de la vida: "Es como cagar".
Dar a luz. Parir. 
Todos hemos nacido. Pocos ven nacer y muy pocos se ocupan de hacerlo posible. 
La mujer, presencia y símbolo garante de la continuidad de la especie, que duda cabe, ama el producto y olvida las gratitudes que la precedieron y procuraron. Para toda mujer sus hijos son presencias únicas y excepcionales, aun cuando se trate de un animalito mas de la especie.
Y la verdad es que la mujer es madre no tanto porque pare sino porque da vida. Porque vivir -como escribió el poeta Joao Cabral de Melo Neto- es ir entre lo que vive.



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