martes, 20 de junio de 2017

TRAGEDIA y POESÍA



Un día de fines de 1997 un rayo mató a Joaquina.
Murió en las alturas de Ambar pero nació en Cajatambo.
En 2013, camino a Ambar para inaugurar una biblioteca, leí el poema que escribí en su nombre ante una comitiva de poetas y escritores de Argentina, Ecuador y Perú.
Terminada la ceremonia de protocolo los visitantes pidieron en pleno traslarse al cementerio.
Frente a su tumba hubo cantos y lectura de poesía.
Por si fuera poco, el fugaz sabor de los labios de Ambar Lizeth al coincidir en una esquina, convirtió mi gratitud en perplejidad.
Sin embargo, mi perplejidad devino en asombro cuando  -meses después- llegó a mis manos una antología publicada en Argentina, donde  no solo figuraba el texto del poema sino el contexto que lo precedió.

JOAQUINA

Miro tu foto
en la portada de un periódico.
Tu cuerpo inerte
sobre la camilla de palos.

El tempo ha pasado
y parece mentira
tanta noticia.

Parece mentira pero es verdad.

Las tardes de junio cuando cantabas
en San Juan.
Tu vida en Torrejirka
donde llegaste siendo niña todavía.

Todo ha terminado.
Tu imagen es ahora un símbolo trágico,
una usencia famosa.

Parece mentira pero es verdad.
Encontrarte en una esquina
y en otra.
Y saber que eres y no eres.


 

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